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Fuego 1/1/11

Por fin íbamos descansar después de tanto de trabajo sin parar. Día y noche. La mente no se detiene, ni al dormir. Por fin iba a poder apagar la alarma del despertador y seguir durmiendo. Por fin nos íbamos a levantar con calma, sin prisas, empacar los peroles y salir a la playa para pasar un día tranquilos, en familia, el primer día del año y el primer día libre. Cerrado el negocio por el feriado. Y por falta de personal de producción, honestamente.

Pero era temprano y ya estábamos despiertos. No habían sonado las alarmas todavía pero el celular de mi papá no paraba de recibir llamadas. Por la ventana se escuchaban gritos llamándolo. Nosotros solo pensamos que era algún idiota que quería hablar con mi papá. Pero era de madrugada. Mis hermanos y yo nos levantamos, después de ignorar los gritos y el teléfono todo lo que pudimos. Cerramos las ventanas y las puertas, y el teléfono lo enterré entre los cojines del sofá para no escucharlo. Debí haber contestado.

Mi papá se levantó poco tiempo después. Habían parado los gritos pero no las llamadas. No tardamos mucho en saber que lo bomberos ya se habían encargado de apagar el fuego. Mi papá se vistió y salió sin comer y sin nosotros. Nos sentimos culpables. Queríamos que descansara.

Su primer día libre en meses y se quema el puto negocio. No lo vimos hasta la noche.

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