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Desde la ventana lo veía.

Lo veía desde la ventana. Afuera estaba lloviznando y hacía bastante brisa. Tocaba el timbre varias veces seguidas y paraba. Golpeaba la puerta de entrada del edificio con fuerza y nadie abría. Gritaba pero no gritaba. Nunca lo he escuchado hablar, solo lo he oído hacer ese sonido. Ya ha ocurrido antes que suena el timbre de mi apartamento y es él, tocando varios timbres ajenos sin razón aparente. Hoy estaba tocando el de su casa, asumo, que es en la otra torre, pero yo lo veía desde la ventana. Nadie le abría. Sería mejor esperar sentado en las escaleras de adentro que afuera en la lluvia, pensé, pero nadie le abría. No me moví. Su mamá se estará bañando, pensé. Puedo abrirle, pensé, pero ¿luego qué? ¿Qué le digo? Y es el edificio equivocado. Pero para que no esté en la lluvia, pensé. Igual no me moví. Volví a mirar y ya no estaba. Había entrado y había dejado la puerta abierta.

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